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El conocimiento de la Biblia
Lo confieso humildemente: no las soporto. Los predicadores que son capaces de encaramarse a un púlpito para hablar durante cuarenta minutos del Foro de Sao Paulo y no mencionar ni una vez a Jesús
El conocimiento de la Biblia
Predicación para el siglo XXI (XI)
Hace unos meses, un sábado por la tarde, salía de una iglesia de Miami. El hermano que me llevaba junto a mi hija de regreso a casa había asistido también al culto y durante el camino de regreso me comentó un tanto escandalizado que era obvio que el predicador no sabía nada de nada. Dejé que se desahogara durante unos minutos y, finalmente, intervine para decirle que la predicación también había tenido algunos aspectos aprovechables. Así llegamos a casa y nos despedimos y, al cerrar la puerta, me dije que no le faltaba razón a mi crítico hermano: aquel predicador sabatino no tenía ni idea.
Reconozco que con el paso de los años me he ido haciendo más paciente en casi todo… salvo en las malas predicaciones.
Lo confieso humildemente: no las soporto. Los predicadores que son capaces de encaramarse a un púlpito para hablar durante cuarenta minutos del Foro de Sao Paulo y no mencionar ni una vez a Jesús; los que son capaces de sostener herejías antiguas como el pelagianismo afirmando que los niños nacen en una situación de cero; los que largan el mitin políticamente correcto hasta la naúsea confundiendo el Evangelio con Dios sabe qué rancias recetas sociales o los que cuentan su vida y milagros sin abrir la Biblia forman parte de un espectáculo al que renuncié hace tiempo.
Gracias a Dios – añado - porque para predicar el Evangelio hay que conocer las Escrituras y no sustituirlas con pamplinas.
La enseñanza apostólica es muy clara en el sentido de que la predicación debe centrarse en la Biblia. Precisamente en su testamento, la 2ª carta a Timoteo, Pablo, tras indicar que los que quieren vivir piadosamente padecerán persecución y que los malos y los que engañan irán de mal en peor, realiza una afirmación clara: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido, y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:14-15).
El mensaje que debemos dar se sustenta en la Biblia por la sencilla razón de que en ella se muestra el camino de salvación que es a través de la fe en Jesús.
Ese mensaje tiene un solo fundamento “porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesús el mesías” (I Corintios 3:11) y así es porque es Jesús quien nos muestra que somos pecadores y que nuestro pecado es grave porque nos separa de Dios y nos lleva a la perdición (Lucas 13:1-5); quien nos señala que el camino de salvación es creer en él (Juan 3:16; 5:24) y quien nos indica la nueva vida que debemos llevar después, una vida centrada en su llamamiento de “Ven y sígueme”.
Si todos esos aspectos no resultan claros, si ni siquiera somos conscientes de que deben conformar nuestra comunicación del Evangelio, si no los conocemos, no podremos jamás participar en la predicación del Evangelio.
No sólo eso.
En realidad, sobre el que no conoce la Escritura – sobre el que carece de conocimiento – pesa una terrible sentencia que ya anunció hace siglos el profeta Oseas al reseñar que “mi pueblo perece por falta de conocimiento”.
Pero además se ve privado de un incomparable privilegio, el de comunicar a otros el mensaje de salvación. Pero para conocer las Escrituras, hay que estudiarlas y de eso hablaré, Dios mediante, la semana que viene.
Continuará
Fuente: ACPress.net/Cesar Vidal
Comentarios
laura duran Escribio:
2008-08-31 10:37:00
fue muy buena y muy interesante deberia seguir hablando al respecto aunque hay cosas que no me quedaron clarasmartha ximena Escribio:
2009-02-13 12:45:00
amenComentar sobre el Artículo.






