Aprender a caminar...

El retrato de Enoc nos muestra un hombre cuyo nombre significa “dedicado”
Cuando mi hija mayor era aún un bebé y trataba de aprender a caminar, me recomendaron que la dejara tomar la iniciativa al mantener el equilibrio ya que si tropezaba y caía, aprendería más rápidamente de sus errores. Escuché, acepté y seguí este consejo... hasta la primera vez que se cayó y se golpeó contra el piso. Luego de ese episodio, sin importar la experiencia de quien me aconsejaba, no volví a dejarla tropezar y caer. Era mi hijita y yo cuidaría de sus pasos, permaneciendo a su lado, hasta que tuvieran la suficiente firmeza para sostenerla y permitirle andar correctamente.
En Génesis 5:21-24 encontramos que el andar de Enoc con Dios era lo que marcó su vida:
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“Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén trescientos años, y engendró hijos e hijos. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”
La Biblia no nos da detalles del proceso de aprendizaje que tuvo Enoc para caminar con su Dios, pero sí nos dice que solamente hay una manera posible de haberlo hecho y ésta es: estando junto a El, cerca de El, a su lado.
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“Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón” (2º Crónicas 6:4)
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“Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro” (2º Crónicas 34:31)
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“Enséñame oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad...” (Salmos 86:11)
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“Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová” (Isaías 2:5)
En cambio... si no andamos cerca del Señor, nuestros pasos, serán muy diferentes...
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“Y no oyeron ni inclinaron su oído, antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado y fueron hacia atrás y no hacia delante...” (Jeremías 7:24)
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"Los dejé pues, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos” (Salmos 81:12)
Recordemos: Mientras más apegados nos encontremos al que guía nuestros pasos, menores serán las probabilidades de tropezar y caer...
Fuente: TBS
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