¿Qué clase de enojado soy?
¿Qué clase de enojado soy?
No podemos decir, sin mentir, que nunca nos hemos enojado. Porque lo hicimos. Muchas veces y con diferentes variedades de enojo. Hemos estallado en un arranque de ira, de mayor o menor magnitud. O hemos rumiado un enojo, planeando estrategias de venganzas que nunca llevamos a cabo, pero que nos “entretuvieron” un buen tiempo, amargándonos y quitándonos eficacia en la vida.
¡Ojalá tomáramos ejemplo de nuestro Dios!
En Nahum 1:1-6 vemos a un Dios enojado:
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“...Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies... El amenaza al mar y lo hace secar... los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia y el mundo y todos los que en el habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿Y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas”
Pero todo en este enojo se ve bajo control...
En Nahum 1:7-9 vemos al Dios controlado:
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“Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. ¿Qué pensáis contra Jehová? El hará consumación; no tomará venganza dos veces de sus enemigos”
Todo su enojo queda sujeto a Su Bondad, a su falta de maquinaciones malvadas... Es Justo... Castigó y se olvidó... No guarda rencor.
Más adelante podemos ver también los enojos del Señor Jesucristo:
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“Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo...” (Marcos 3:5)
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“...y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos...y dijo...: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume” (Juan 2:13-17)
Los enojos de Nuestro Dios no son para destrucción, sino para corrección. Si El se enoja, siempre se puede aplacar con un cambio de conducta verdadero, que es lo que espera de nosotros...
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“En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó y me has consolado” (Isaías 12:1)
En Proverbios 14:17 podemos ver cómo se nos permite el enojo: controladamente
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“El que fácilmente se enoja, cometerá locuras; y el hombre perverso será aborrecido”
En Efesios 4:26 podemos ver cuando se termina el enojo: en el mismo día
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“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”
Recordemos: Seamos imitadores del ejemplo divino, para que nuestras vidas sean mejores...
Fuente: TBS
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