Sin contaminación...
Hace un tiempo atrás, en un diario importante, publicaron una nota acerca de la contaminación de un Riachuelo de la ciudad, incluyendo testimonios de algunos jovencitos que vivían en barrios marginales, instalados a sus orillas. Ellos expresaban el deseo de conocer otra forma de vida, de tener salud (la suya era precaria debido a los vapores tóxicos que aspiraban desde su nacimiento), de tener oportunidades mejores, ya que el lugar donde viven es un impedimento para conseguir buenos trabajos.
Y luego, en otra publicación, presentaron el trabajo de los vecinos de otro arroyo o riachuelo, que estando contaminado en gran medida, fue limpiado de tal manera que los niños podían pescar en él.
Jesús también nos habló de la contaminación. Leamos Marcos 7:6-23
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“Respondiendo él, les dijo: ¡Hipócritas...porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres, los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes...Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición...nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. Si alguno tiene oídos para oír, oiga...¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón sino en el vientre?...pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”
El ser humano es como esos arroyos llenos de basura que los contamina, y necesita como ellos, ser saneado:
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“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois...” (1º Corintios 5:7)
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“¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14)
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“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Santiago 4:8)
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“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1º Juan 1:9)
¿Algo nos ensucia? Permitamos que el Señor nos purifique de tal forma, que “nueva vida” se desarrolle en nosotros, como los peces que volvieron a nadar en ese arroyo de la nota periodística...
Recordemos: Si hay contaminación, se produce por acumulación de desperdicios... ¡no lleguemos a esos extremos en nuestras vidas!
Fuente: TBS
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