No seamos como el rico...
Leamos Marcos 10:17-25:
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“Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!”
Aquí podemos pensar: "¡No soy rico! Por lo tanto, no tengo ese problema..."
Pero leamos también Marcos 10:29-31 y veremos que sí es nuestro problema:
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“Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo...”
¿Qué nos hace ricos?... Lo que poseemos. Quizás no somos dueños de mucho dinero, pero sí de muchísimas otras posesiones.
Pero, atención, que Jesús no nos enseña a no mostrar amor o a ser desatentos con los nuestros. El se preocupó por la familia y por su madre, como vemos en Marcos 7:11-13 y Juan 19:26-27...
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“...Honra a tu padre y a tu madre...pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre”
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“Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he aquí tu hijo. Después dijo al discípulo: He aquí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”
En física, se define enriquecimiento como: “un cuerpo en el que uno de sus componentes entra en proporción muy superior a la normal”
Jesús nos enseña a no “adueñarnos” de lo que se nos concede, a no “enriquecernos” con lo que tenemos, sino a entender lo que luego expresaría en forma directa el Apóstol Pablo...
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“Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:7-8)
Recordemos: Tenemos riquezas. ¡Que ellas no nos alejen de Aquel que nos las dio mientras estamos en la tierra, sean materiales o intangibles!
Fuente: TBS
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