¿Cómo lo hacemos?...
Alguien dijo una vez, en forma irónica, ante la ineptitud y negligencia de los que lo rodeaban en su lugar de trabajo: “¿Si podemos hacerlo mal, ¿para qué hacerlo bien?”
Y ¿sabe que éste es más o menos el criterio del llamado “mayordomo infiel” de Lucas 16:1-7?
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“Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta”
Este hombre quiso conseguir amigos y asegurarse el futuro entre los deudores de su amo, robándole a éste.
El resultado: Lucas 16:8
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“Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente, porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”
El veredicto: Lucas 16:10-11
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“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?”
¿Nos gustaría ser alabados por injustos o por fieles? ¿Tener la admiración de los hombres o la aprobación de Dios?
¿Por qué no adoptamos esta actitud?: “Si puedo y debo hacerlo bien, ¿por qué hacerlo mal?”
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“Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:15)
Recordemos: Antes que nada, y por sobre todo, debería importarnos lo que Dios opine de nosotros...
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