¿Nuestro o vuestro?
Supongo que en todas las familias, a veces sucede esta situación risueña entre los padres: Cuando un hijo hace algo destacable o lindo, ellos dicen “mi niño, mi bebé, mi hijo” cuando ese hijo desobedece o sus acciones no son tan agradables, los padres solemos expresarnos así: “tu hijo”, descargando la responsabilidad en el cónyuge. Son expresiones para halagarnos por los logros y desentendernos de los desaciertos. Son situaciones pasajeras, que por lo general realizamos de manera inofensiva.
En el libro de Daniel, se da la siguiente situación: Dos hombres se refieren a Dios como “nuestro” y “vuestro”
Daniel, que reconoce la grandeza de Dios y le da un lugar preponderante en su vida
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“A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos; pues nos has dado a conocer el asunto del rey...Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días...Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad” (Daniel 2:23,28,37)
Nabucodonosor, que ve a misma grandeza que vio Daniel, pero no acepta reconocerla para sí mismo y le otorga méritos al hombre
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“El rey habló a Daniel y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio. Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia” (Daniel 2:47-48)
En el Salmo 100:3 leemos:
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“Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”
Proverbios 3:6 nos asegura:
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“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”
Éxodo nos recuerda:
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“Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?
Llegó el día en la vida de Nabucodonosor en que entendió quién era Dios, pero luego de muchas experiencias que pudo haber evitado
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“Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti, y de ente los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán, y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere...Mas al fin del tiempo, yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades...En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mi...Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia” (Daniel 4:31-37)
Recordemos: Nuestro Dios quiere ser “nuestro” ¿Lo reconoceremos como tal?
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