Directo y claro...
Estamos acostumbrados al permisivismo en todos lo órdenes de la vida. Permitimos que a nuestro alrededor sucedan todo tipo de situaciones incorrectas, deshonestas, ilegales, delictivas. No participamos en ellas, pero posiblemente tampoco las denunciamos como tales. A veces por temor, otras por conveniencia.
A veces tememos que si intervenimos en una situación que afecte o dañe a otros, algunos poderes se vuelvan en nuestra contra. Otras veces razonamos así: “no debo atraer la atención sobre mí, para que no se vean mis imperfecciones”; “si ‘ellos’ hacen ese tipo de cosas tan malas, ‘yo’ puedo continuar tranquilamente con lo mío, que no es dañino para nadie”; “no siendo yo un buen ejemplo, ¿cómo podría juzgar la conducta ajena?”, y así podríamos hacer una larga lista de motivaciones que nos impulsen a no intervenir, a no denunciar o exponer el pecado.
Porque en realidad de eso se trata, de pecado... Propio y ajeno...
-
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1)
¡No podría ser más claro! El Apóstol Juan sabe que pecamos, nos anima a no hacerlo, pero cuando lo hagamos, allí estará nuestro Abogado. Para nosotros y para los demás también...
-
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2)
¿Podemos reconocernos en 1 Juan 2:3-6?
-
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”
Si lo conocemos, sólo podemos mostrar Su vida en la nuestra...
-
“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas” (1 Juan 2:9)
La Biblia nos habla continuamente del Amor de Dios y solemos aprovecharnos de ese amor, y creer que por amarnos El nos tolerará cualquier conducta. La Biblia dice que Dios es Amor y que tiene mucha paciencia:
-
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8)
-
“Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación...” (2 Pedro 3:15)
Pero... ¿Conoce algún lugar de la Biblia que nos diga, aunque sea muy remotamente, que nuestro Dios es permisivo, que El aceptaría el pecado en Su Presencia? ¡Por supuesto que no!
Recordemos: Dios no miente. Si las cosas no son como El nos enseña que deben ser, ¡los mentirosos seremos nosotros!
Fuente: TBS
Comentarios
Comentar sobre el Artículo.






